Por: Fabrice Le Lous .

La experta en Literatura y Semiología, Addis Díaz Cárcamo, analiza lo poco que se conoce de Rubén Darío en Nicaragua en contraste con lo mucho que se le menciona.

Las calles desbordaban de euforia. Grandes desfiles improvisados se formaban y miles de alemanes se precipitaban a las vías y plazas públicas con candelas en las manos y coros de triunfo en las gargantas. Addis Díaz Cárcamo recuerda aquel 9 de noviembre de 1989 como si fuera ayer. Ese día la entonces estudiante nicaragüense vivió la caída del muro de Berlín, cuando Alemania Federal se reunificó con la Alemania Democrática.

Especialista en Español, Ciencias de la Comunicación y Semiología, Díaz Cárcamo aprendía en Berlín el idioma teutón para realizar su tesis doctoral. Después de unos años en Europa se convirtió en doctora en Filología y al regresar a Nicaragua dio clases en su primer alma máter, la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en Managua.

La catedrática ha impartido conocimiento a generaciones de universitarios por 32 años y en esta entrevista analiza el tema del momento: el centenario de la muerte de Rubén Darío; pero sobre todo habla de la ignorancia que lo orbita, pues según la experta no se le estudia bien y muchos escritos importantes del bardo son desconocidos en su país natal, donde abordó temas políticos que no han perdido actualidad.

Algunos temas que exploró Darío no se discuten mucho en Nicaragua, como su visión política. Criticaba al marxismo, por ejemplo.

Una de las crónicas importantes de Rubén Darío y muy desconocida en Nicaragua es Dinamita (La Tribuna, Argentina, 27 de noviembre de 1893). Cuando uno la lee se da cuenta que Darío tiene ciertos temores sobre la nueva ideología de Karl Marx y Friedrich Engels. Le leo este extracto: “Ya Engels había dicho en el país de Alemania: ‘Tiempo vendrá en que no habrá más religión que el socialismo’. Esos filósofos de última hora, tras un hartazgo de Darwin, de Strauss, de Büchner, de Feuerbach, predican a las masas populares cerradas e ignorantes la muerte de las creencias y de los ideales religiosos. La filosofía de los apetitos se esparce como el soplo de una peste”. Estamos hablando fuerte. Darío está hablando fuerte. Llama “peste” al marxismo.

Y lo dice antes de que comience un siglo plagado de gobiernos derivados del marxismo. Antes de la Unión Soviética, la República Popular de China, la Cuba de Castro…

¡Así es! Y es que Darío sí tomó posiciones políticas fuertes. Estuvo en contra

también de la nota Knox, que vino a través de una confrontación entre Nicaragua y Estados Unidos porque aquí se condenó a muerte y se fusiló a dos filibusteros que invadieron tierras. Entonces el gobierno de Estados Unidos envió la nota Knox en la que se decía que había que ahogar a Nicaragua. Darío se pronunció en contra de eso y después se pronunció también contra Roosevelt. Y no solamente en el poema que todos conocen sino en sus crónicas, donde escribió sobre la invasión de Norteamérica en Hispanoamérica.

¿También escribió sobre el proyecto de un canal interoceánico por Nicaragua?

Sí. Su posición sobre el canal era la de un sujeto que mira los hechos, se aleja un poco y no está muy convencido. Hay un amigo de Darío, en su crónica Asuntos americanos, la intención yanqui (La Nación, Argentina, julio de 1914), que llama mucho la atención. Se llama Joaquín Macías y de su conversación con él, Darío apunta: “El Congreso de Nicaragua () aprobó casi sin discutir ese tratado en virtud del cual Nicaragua no solo pierde la oportunidad de sacar la mayor ventaja de la disposición que la naturaleza le ha dado por el canal interoceánico, sino que entrega además una faja del territorio nacional en manos extrañas con las circunstancias muy especiales de que por esta cesión el país queda dividido en dos partes no comunicables o pudiendo comunicarse solamente a través del territorio de otra nación extraña”. Llama mucho la atención que Darío consideró importantes las ideas de su amigo y las metió en su crónica.

Hace una semana se celebró el centenario de la muerte de Darío y por todos lados se festejó al “Príncipe de las Letras Castellanas”. ¿La gente sabe qué significa eso?

Eso en literatura se llama cliché y ese cliché nos conduce al estereotipo. No salimos de los mismos términos y los dos que más se utilizan son “Príncipe de las Letras Castellanas” y “Padre del Modernismo”. Yo no creo que la gente sepa lo que eso significa porque aquí no se estudia realmente. Aquí se estudian pedacitos, fragmentos darianos. Una vez me preguntaron: “¿Quién lo nombró ‘Príncipe de las Letras Castellanas’?” Nadie. No hay nadie quien asuma eso. Es necesario estudiar a otro tipo de Darío. A mí me interesan otras denominaciones como Darío transatlántico, viajero errante, erudito, fundador, impulsor, símbolo… Pero en la escuela secundaria no pasan del conteo métrico del poema. Darío no es solo métrica, es filosofía, periodismo.

¿Eso responde también al nivel de la educación, al conocimiento de los profesores?

Hay poca calidad en la educación. Se habla de que vamos a impulsar la calidad educativa, pero eso comienza trayendo a personas del extranjero capacitadas. Ahorita se están formando profesores en Nicaragua. ¿Usted cree que me han llamado a mí? Debe buscarse la experiencia. Buscar al profesor que domina la asignatura. El profesor Ignacio Campos, Roberto Aguilar, María Inés Barrios, Bertha Cajina. Aquí al profesorado lo forman personas con poco conocimiento en el área literaria.

¿Cómo se podría solucionar eso?

En México, por ejemplo, hay suficiente personal capacitado que viaja frecuentemente al extranjero que podría venir a capacitar a los profesores en el área de literatura, pero nadie gestiona eso. Un mexicano, un argentino o un español conoce mejor a Rubén Darío que nosotros. Aquí hay grandes biógrafos, grandes compiladores, grandes editores de la obra de Darío, pero se necesita crítica. Desde que comenzó la Jornada Dariana en la Universidad, que se presenta todos los años y es poco conocida en el país, yo he hecho presentaciones sobre Darío. Ahí están todos los trabajos y son crítica literaria. Pero para mucha gente son desconocidos.

¿Qué tan profundo es el desconocimiento que hay de Darío en el país?

Es muy profundo. Siempre están repitiéndose en las escuelas y secundarias los mismos libros. Y yo ni sé si los profesores los leen. Azul…, Cantos de vida y esperanza, algunos poemas. De Azul… se toman dos cuentos: El fardo y El rey burgués. Si nos vamos a Cantos, el poema que siempre se aborda es Lo fatal. ¿Pero se enseña realmente a criticar la obra verso a verso, a estudiar la filosofía del contenido, que es Schopenhauer? No creo. Solo se dice que es un soneto, cuántos versos tiene y cuál es la métrica. O se lo aprenden de memoria y lo declaman. Y eso es bonito, pero debe estudiarse a profundidad el texto literario. No podemos estudiarlo a medias. En las escuelas tampoco se lee Viaje a Nicaragua e Intermezzo Tropical. Los nicaragüenses no sabemos qué dice Darío sobre nosotros mismos.

¿Debería estudiarse también las crónicas en los colegios?

Sí. En los colegios debería estudiarse Crónicas desconocidas de 1906 a 1914 y La República de Panamá y otras crónicas desconocidas, donde uno encuentra su prosa enriquecedora y su opinión sobre muchos ámbitos. Nosotros en el Departamento de Español tenemos una asignatura que sería bueno llevarla a los colegios o a las demás carreras. Una de esas unidades debería estudiarse a nivel nacional para que los nicaragüenses verdaderamente sepan de Darío. El tema, las ideas principales, organizadores gráficos… Pero es una lástima. Usted oye a las misses que van a las competencias… Dan lástima. Toditas ellas. Porque no salen de los libros cajoneros. Ahora para la Reina del Carnaval les estuvieron pidiendo que declamaran poemas y una de ellas solo dijo: “Si la patria es pequeña uno grande la sueña”. Quedan en el ridículo.

En general uno percibe que en Nicaragua la gente no lee. Y mucho menos poesía. ¿Es necesario imponer la lectura de Rubén Darío a una población apática?

Parafraseando a Borges, no se puede obligar a nadie a ser feliz. Porque leer es parte de la felicidad de los seres humanos. Los países que más leen en Latinoamérica son México, Chile, Argentina y Costa Rica. ¿Qué ha pasado con el resto? Hay un desinterés total. Y comencemos por los grupos de clase. Ni el periódico leen. Uno les pregunta por el acontecer de su país y no saben. El que leen un poquito es Metro porque lo dan gratis. Y podrán ponerse muchas obras baratas al alcance de la mano, pero un muchacho prefiere comprarse un iPhone. Hay una lucha interna por darse a conocer. Yo pienso que ninguna lectura es obligatoria para nadie, pero hay lecturas por ejemplo que se llevan a cabo en las universidades que el estudiante está obligado a leer y ni aún así las lee. Tenemos poca curiosidad. Y mientras no haya personas que leen, tendremos los mismos errores de ortografía y gramática porque ese conocimiento entra por los ojos.

Un aspecto que al parecer sí se maneja bien sobre Darío es su alcoholismo…

Una vez Jorge Eduardo Arellano se enojó mucho en una de sus cátedras porque un estudiante le hizo la pregunta de si Rubén Darío era alcohólico. Nosotros no tenemos que ver al Darío alcohólico. Ese era su problema personal. Los profesores nos enojamos cuando los alumnos solo se fijan en eso.

¿Usted se enoja?

No me gusta. Porque es juzgar a un ser humano. No me parece que sea correcto. Es como minimizar a Alfonso Cortés a “un loco”. Él fue un gran poeta demente. De los más iluminados en el mundo. Hay muy pocos poetas como él. ¿Por qué tenemos que verlo bajo esa égida?

¿Por qué cree que la gente sintetiza a Darío a solo esa enfermedad mental, que es la adicción al alcohol?

Tiene que ver con los valores humanos. Los seres humanos se dejan llevar por la moral social. Y ahí se juzga. En ese aspecto creo que hay que aprender mucho de Jesús. Le llevaron a una mujer que tenía siete demonios, María Magdalena. Y le cuestionaron que por qué platicaba con ella. La juzgaban. ¿Y Jesús qué dijo? “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Hay que ahondar más en el Rubén Darío escritor y menos en su debilidad humana.

¿Corresponde llamar héroe o prócer a Rubén Darío?

Yo creo que sí. Decía Sergio Ramírez hace poco que Darío es un héroe civil. El título de prócer generalmente se le da a un pacificador pero también a un líder. Y un héroe también es un líder. Quiérase o no, Darío fue un líder que dirigió e impulsó un movimiento literario. Fue un hombre que tuvo una fuerza, una vitalidad, para dar a conocer Nicaragua en el mundo. Era un hombre multifacético que sí puede ser nombrado héroe o prócer del país.

Daniel Ortega quiere nombrar prócer al cardenal Miguel Obando y Bravo. ¿Pertenece a la misma liga que Darío?

Toda persona tiene derecho a aceptar un título que le dé un determinado país o determinado presidente. Si él lo acepta, yo lo respeto. Pero hay títulos para los religiosos que desde un punto de vista más espiritual, ya le fue otorgado al cardenal. El de discípulo. ¿Quién no quiere ser llamado por Cristo, discípulo? Creo que él tuvo sus tiempos, en los años setenta, donde él fue un pacificador. Estaban los guerrilleros en el Palacio Nacional y salía el cardenal. Estaban en la casa de Chema Castillo y también. Si lo acepta, yo lo respeto. Lo que yo no estoy de acuerdo es que se haga en un contexto político determinado. Recordemos que este es un año electoral.

Hablando de año electoral, esta semana comenzaron las clases y los colegios públicos más grandes de Managua amanecieron atiborrados de afiches rosados de Ortega. ¿Cuál es su opinión al respecto, como
experta en semiología?

Yo soy acérrima defensora de la autonomía universitaria. De la universidad laica. Yo no puedo imponerle a alguien nada. Las universidades deben ser respetuosas de las ideologías. Y para los colegios y las escuelas lo mismo debe aplicarse.

Todos estos afiches son rosados y pareciera que el color de la familia presidencial es el rosado de vivo a tenue. ¿Existe la transmisión de poder a través del color?

Todo color tiene una simbología. Por ejemplo el rosado chicha, que es el que más inquieta en el país, es el color de la alegría, que es lo que la primera dama, Rosario Murillo, demuestra. Siempre alegría ante un público, ante sus correligionarios y la gente que la sigue. Es posible que el ojo humano, a través de ese espacio que es constante, que está en todas partes, inmediatamente relaciona el rosado chicha con la primera dama. Es un color de entusiasmo como el amarillo o el azul. Son muy bien escogidos.

La mayoría de documentos membretados por las diferentes instituciones del Estado tienen árboles de la vida y la tipografía es como la de máquina de escribir. ¿También se logra transmitir poder por esta vía?

Yo creo que toda persona tiene esa inclinación, la insistencia a ser reconocido. Que me reconozca el otro. Y al ser reconocido por el otro, el otro lo hace a través de un determinado código. Todo está codificado y eso entra en la semiósfera de la Escuela de Tartu. Esas identificaciones van de un significante, que es el color, a un significado que tiene este color. Estas codificaciones se vuelven imprescindibles para la persona que los está llevando o imponiendo y llega un momento que esto se vuelve colectivo y hay una apropiación del símbolo. La gente se acostumbra tanto a verlo que lo llega a percibir como natural. Por ejemplo, la gente ve una gran valla, una gigantografía o un árbol de la vida y lo ve como natural.

Esta semana un joven, Steve Hideki Morales, fue censurado por hacer una parodia de Rosario Murillo y por burlarse de los árboles de la vida. ¿Es condenable esta censura?

El ser humano goza con este tipo de programas. No deberían ser prohibitivos con ellos. Hay una catarsis y todos necesitamos catarsis. Reír, vivir la vida. Si hay tanta censura para este tipo de parodias, no se está viviendo realmente lo que ofrece la vida, que es el humor, la comicidad. Yo soy muy admiradora de la caricatura de Manuel Guillén y de Pedro Javier Molina. Las hemos analizado en clase de manera integral. Entonces me parece que este tipo de programas no deben ser prohibidos. Se necesita alegría, no vivir bajo el pesimismo. Mientras la persona más se ríe, más sana está. Y debemos saber reírnos de nosotros mismos. La vida es un gran teatro y todos formamos parte de ese gran teatro.

PLANO PERSONAL

Addis Esparta Díaz Cárcamo, 54 años.
Inspirada por sus maestros de escuela y secundaria de Somoto, de donde es originaria, no soñaba más que con ser profesora en su pueblo.
Su sed de conocimiento la llevó a especializarse con universidades de México y logró un doctorado en Alemania.
Hoy está casada con un nicaragüense doctor en Agroeconomía que conoció en Europa, tiene dos hijos y lleva más de tres décadas impartiendo clases en la UNAN Managua.
Entre sus planes está jubilarse este año y regresar a Berlín para que sus hijos conozcan “la ciudad más linda de Europa”.

 

LEER EL ARTÍCULO COMPLETO | Fuente: La Prensa