Por: José Adán Silva.

De la mano de escritos de testigos de la muerte de Rubén Darío, fotografías y testimonios de estudiosos de la vida y obra del poeta, LA PRENSA revive el dramático final del Príncipe de las Letras Castellanas Relata Carlos Cuadra Pasos, en su libro Cuando el cadáver llegó a la Catedral y ya dentro de ella, la gente se apresuraba a coger flores de las andas, hojas, pétalos, y se los llevaban con devoción, como reliquias de un santo”.

Fueron seis meses de sufrimiento en los que ardió de rabia, dolor y odio contra los médicos, la sociedad y sus autoridades. Alucinó en su agonía, luchó y protestó a más no poder contra los médicos que lo atendían, se quemó en fiebre, sangró y emanó líquidos, y cuando finalmente comprendió la inminencia de su partida, aceptó recibir el sacramento de la extrema unción, heredar sus bienes y despedirse del mundo que luego habría de rendirle honores póstumos.

¿Cómo fue el final de los días de Rubén Darío? “Más dramáticos y tristes que una novela de terror no podían ser”, dice el doctor Carlos Tünnermann Bernheim, un profundo estudioso de la vida y obra del poeta nicaragüense.

De entre tantas versiones, detalles y rumores que se dijeron y escribieron sobre el final de Darío, Tünnermann da mayor crédito a la crónica testimonial escrita por el periodista y escritor Francisco Huezo (1862-1934), amigo de Darío hasta su muerte, quien revela con toda claridad el drama que sufrió el bardo en el crepúsculo de su vida, al que llegó, dicho sea de paso, con total conciencia pese a lo menguado que estaban sus dones intelectuales.

 

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