Por: Josefina Haydée Argüello.
Máster en literatura Española.

La Larva

y Thanathopia de Darío forman parte de lo que Franz Galich califica de cuentos “raros” que son aquellos que presentan un misterio más allá del misterio mismo de la creación.

Cuentos escritos en prosa narrativa al estilo poeano.

La niñez se refleja a través de sus personajes, Isaac representando a Darío en La Larva y James a Poe en Thanathopia. El primero, en un ambiente tropical leonés, el segundo, lúgubre y muy londinés.
Como dijera Valera: “Darío lo contiene todo”.

Isaac cuenta: “Yo nací en un país en donde, como en casi toda América, se practicaba la hechicería y los brujos se comunicaban con lo invisible”. Con la llegada de los españoles más bien aumentó, “el uso de evocar las fuerzas extrañas, el demonio, el mal de ojo”.

En una ciudad donde su abuela le asegura la existencia pavorosa de un “fraile sin cabeza y de una mano peluda”.

Isaac, en una noche de serenata se escapa de la casa y se adentra a un mundo desconocido, a sabiendas que el hurto de la llave, a su “venerable señora” era algo sacrílego.

Después de batirse atormentado durante noches agitadas por la curiosidad juvenil, logrando vencer la barrera de desesperación y tormentos, sale a las calles solitarias, en busca de algo nuevo, va de serenata en serenata, bajo la luz pálida de la semiluna, donde el sonido de la música le indica el lugar.

“¡Cual no sería mi gozo cuando, al pasar por la plaza de la catedral, …vi, sentada en una acera arropada en su rebozo como entregada al sueño, a una mujer! …
“¿Joven? ¿Vieja? ¿Mendiga? ¿Loca? ¡Que me importaba! yo iba en busca de la soñada revelación, de la aventura anhelada. …toque la espalda de aquella mujer…
¡Oh! Espanto de los espantos… un ojo colgado…
De la boca horrible salió como una risa ronca…
Cuando llegaron algunos de la serenata, ‘la cosa’ había desaparecido”.

En Thanathopia está reflejada la niñez de Poe. Niñez marcada de sufrimientos, despegos y abandonos, sumidos en un Londres lúgubre, frío donde la oscuridad impera.

James, es mandado a un lejano colegio en Oxford donde se encuentra prisionero. Necesita de la luz tropical, donde predomine la alegría.

Desde que era muy joven perdió a su madre y el padre, nunca le mostraba cariño. Solamente lo visitaba una vez al año. Creció “sin afectos, sin halagos” y aprendió a ser triste.

“Si, os repito: no puedo dormir sin luz, no puedo soportar la soledad de una casa abandonada; … que la luz aparezca”.

Su padre, muy conocido en el mundo científico, “el cual si era un gran sabio sospecho que era un gran bandido” finalmente lo trae a la casa donde le aguarda una sorpresa:

“Una madrastra! Y de pronto se me vino a la memoria mi dulce y blanca y rubia madrecita, … Diría yo pues, a soportar la tiranía de la nueva esposa del doctor Leen, quizá una espantable blue stocking, o cruel sabionda, o una bruja…”

“Y luego brotó de aquellos labios blancos, de aquella mujer pálida …” Una voz como del “gemebundo o de subterráneo: …hijito mío, acércate: quiero darte un beso en la frente, otro en los ojos …
Grité: —¡Madre, socorro! ¡Ángeles de Dios, … pronto que me saquen de aquí!”

—¡Cálmate, James! ¡Cálmate hijo mío!…

—No —grité más alto— …Yo saldré de aquí y diré a todo el mundo que el doctor Leen es un cruel asesino; …¡que está casado mi padre con una muerta!

En estas obras de misterio y terror, aparece el padre, símbolo de lo patriarcal y las figuras femeninas se manifiestan cosificadas, pálidas, débiles, vagas y en ensoñación.

Darío incursiona en el ocultismo, el espiritismo, el esoterismo, los sueños (traduce y estudia a Poe). El terror a la muerte siempre lo acompañará a lo largo de su vida y en toda su obra.

Darío padre del modernismo. Fusionó el arte ideal de los parnasianos con el simbolismo. Su lenguaje es culto, contiene figuras mitológicas, los cisnes, las hadas, princesas, brujas, manos peludas y demonios.
Da tono y musicalidad. Renueva la métrica castellana y la adapta a la latina. Predomina el colorido con imágenes sensoriales.

Rubén adquiere una amalgama de influencias, greco-latina, inglesa, alemana, norteamericana, sobre todo francesa, produciendo como Valera llama la “quinta esencia” con un toque final muy hispanoamericano, cosmopolita, muy antiguo y muy moderno.

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