Por: Jorge Eduardo Arellano - n.Granada, Nicaragua (1946)
Historiador de Arte, de las letras y la cultura nicaragüense y autor de casi un centenar de libros. Doctor en Filología Hispánica (Universidad Complutense, Madrid). Director de la Academia Nicaragüense de la Lengua (2002).

Se me ha preguntado la diferencia entre dariano y dariísta. Es muy fácil deslindar ambos conceptos. El dariano es todo aquel que admira a Rubén Darío, mejor dicho, su obra y le profesa una devoción literaria (no religiosa, como la de los marianos). Pero esta admiración y esta devoción la manifiestan generalmente no solo a través de la lectura, sino (los más aventajados) de la escritura, aunque sin llegar a ser expertos como los dariístas.

Estos somos escasos. En cambio, los darianos abundan y algunos, los menos recomendables, ostentan una conmovedora ignorancia.

Entre ellos figuran los oportunistas: por ejemplo, aquel que hace años planeaba erigir en la isla del Cardón 400 elefantes de cemento y bautizar a cada uno con el nombre de un patrocinador. ¡A cambio de cinco mil dólares! O uno que se atrevió a editar una colección de falsificados manuscritos de Darío (aunque no todos) bajo el título formado con un fragmento del cuarto verso del poema “En una primera página”, perteneciente a El canto errante (1907): el símbolo divino de la letra.

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