A finales de 1898 llegó Rubén Darío a Barcelona, enviado por el diario La Nación de Buenos Aires, con la misión de informar sobre la sociedad española después de la Independencia de Cuba y el derrumbe del imperio colonial español. Caminando por la Rambla describió así los aires nuevos que transparentaban “el alma urbana” barcelonesa: “al pasar, notáis un algo nuevo… triunfa un viento moderno que trae algo del porvenir…”.

Darío también describió a sus lectores el proceso de industrialización en Cataluña:

“Ellos han erizado su tierra de chimeneas, han puesto por todas partes los corazones de las fábricas. Tienen buena mente y lengua, poetas y artistas de primer orden; pero están ricamente provistos de ingenieros é (sic) industriales…”.

En Barcelona, Darío pasó pocos días, ya que iba “de paso” hacia Madrid; pero ello no fue obstáculo para realizar entrevistas y perfilar una panorámica de la sociedad catalana. Lo más inmediato que captó en la calle y en las entrevistas fue la lengua. En efecto, las transformaciones de la Revolución Industrial se habían dado junto con un movimiento cultural de toma de conciencia, que en el campo literario dio lugar a la Renaixença.

 

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