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Por: Dr. Carlos Tünnermann Bernheim - n.Managua, Nicaragua (10/Mayo/1933).
Realizó estudios de Bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto Pedagógico de Varones de Managua, es Doctor en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. Académico de Número de la Academia Nicaragüense de la Lengua (1992).

La renovación de la poesía castellana, llevada a cabo por Darío, es de tal magnitud que Pedro Henríquez Ureña afirma: “De cualquier poema escrito en español puede decirse con precisión si se escribió antes o después de Rubén Darío”.

“Cuando un poeta como Darío ha pasado por una literatura, todo en ella cambia”, nos enseña Jorge Luis Borges. “Todo lo renovó Darío: la materia, el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor no ha cesado y no cesará; quienes alguna vez lo combatimos, comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar el libertador”.

“Ser o no ser como él, precisa Octavio Paz. De ambas maneras Darío está presente en el espíritu de los poetas contemporáneos. Es el fundador”. “Darío es ese, señala nuestro Pablo Antonio Cuadra, que pone en pie el castellano para una segunda salida —aún mejor que la primera— como el Quijote. El mismo sirve de guía, de capitán: es el renovador”. “A la inspiración y destreza de Darío”, nos dice Vargas Llosa, debe la lengua castellana una de las revoluciones seminales de su historia”.

Excelso “Maestro del idioma”, Darío nos lega una lección de sinceridad, de autenticidad (“Sé tú mismo: esa es la regla”), de dedicación tenaz e inteligente a la labor creadora; un escritor que inauguró el profesionalismo en la ardua tarea de las letras y el periodismo; que se formó por su propio esfuerzo autodidacta y que, a pesar de su vida viajera y su tendencia a la bohemia, fue capaz de consagrarse seriamente a las tareas de investigación y creación artísticas; ejerció consciente y responsablemente un magisterio estético, cultural e incluso político a nivel continental y dejó, como su mejor legado, una lección de modestia y honestidad intelectual en su búsqueda constante de la belleza y el ritmo.

Si el fenómeno de la globalización es hoy día el más dominante en las relaciones entre las naciones, Darío fue un abanderado del cosmopolitismo, que para él estaba indisolublemente ligado a la modernidad. Pero esta apertura hacia lo universal, jamás debía hacerse a expensas de nuestra identidad y de nuestros valores.

Darío se dejó influenciar por la literatura francesa pero conservó siempre su honda raíz hispanoamericana. “Toda una naturaleza tropical y todo un pasado indio se despertaron en la lengua de Cervantes y de Góngora cuando la voz del nicaragüense Rubén Darío, en esta lengua soberbia, se puso a cantar, nos dice Jean Cassou. Y en lo referente a su propio país, José Coronel Urtecho nos dice: “La más alta manifestación de la universalidad nicaragüense es, por supuesto, Rubén Darío. Él es el paradigma de nuestra universalidad en su más pura forma”.

Pese a su rico ropaje formal, que para algunos pudiera esconder una superficialidad anímica, la verdad es que los críticos reconocen que su musicalidad verbal y el virtuosismo de su técnica no nos impiden oír los latidos de su corazón, especialmente cuando desnuda su alma y nos revela sus angustias y pesadumbres, como en sus célebres Nocturnos y en Lo fatal, poemas en los que pueden palparse sus más íntimas vivencias e inquietudes, que hoy pesan sobre el alma del hombre moderno. “Han envejecido sus atavíos, no la humanidad que adornaban tales ropajes”, señala Torres Bodet.

Rubén fue, sin duda, precursor del vanguardismo. Los recursos estilísticos que emplea en sus obras de la edad madura, así lo demuestran (la constante reiteración, los paralelismos, los neologismos, las enumeraciones, las metáforas exageradas, etc.). Darío fue no solo modernista sino que con él se inaugura la poesía realmente moderna.

No hay metro, experimento poético, (verso librismo, prosaísmo, exteriorismo, coloquialismo, intimismo, etc.), innovación en prosa, tendencia literaria contemporánea, que no encuentre un precedente valioso en la obra dariana, inclusive el intertexto, tan presente hoy día en la nueva literatura latinoamericana. Sin duda, Darío es hoy un clásico de la literatura hispanoamericana y universal.

Es la dimensión humana la que confiere perennidad a su poesía, que no la podrá derrumbar el tiempo, así como su carga vital, que según Giuseppe Bellini, han conducido a la poesía española a la realización de un nuevo Siglo de Oro.

 

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