Por: Addis Esparta Díaz Cárcamo.
Doctora en Filología y maestra en Ciencias de la Educación.

Con frecuencia la crítica hispanoamericana ha estudiado diversos temas como el erotismo, los estilemas, la melancolía, el existencialismo, la mujer en Azul… Escritos que nos ilustran lo divino y profano en la obra de Darío. Sin embargo, es necesario estudiar sus Crónicas desconocidas de 1906 a 1914 de Günter Schmigalle y La República de Panamá y otras crónicas desconocidas de Jorge Eduardo Arellano, textos editados por la Academia de la Lengua en Nicaragua.

Darío resalta con entusiasmo el trabajo crítico de Amado Nervo sobre Sor Juana Inés de la Cruz, la primera feminista de América. Ambos reconocen el valor que tienen los escritos, la voz poética de la religiosa, quien asume una posición de desigualdad ante el poder masculino; curiosamente Darío resalta el llamado del poeta mexicano a la prelada, de hacer una poesía más confesional y cantar al amor. Uno de sus poemas Hombres necios que acusáis ofrece un ataque moral hacia la hipocresía masculina, pero a la vez esta devota abogó por la desigualdad y el derecho a adquirir conocimientos en ese mundo cerrado del siglo XVI en México.

Sin embargo, el poema que Darío recoge en Epístolas y poemas (1885) que titula La cabeza del Rawí es donde de manera inobjetable presenta la visión patriarcal que ubica en un espacio geográfico determinado la historia contada: Bagdad (Irak) y Persia (en la actualidad, Irán). La microhistoria nos cuenta que un monarca está “enfermo de amor”. A partir de ahí, este rey elige a una mujer que en una “pasarela” donde está desnuda es escogida y pasa, bajo subordinación, a ser propiedad del hombre. Ya Selden (1998) señala que las damas son tomadas, compradas, intercambiadas y vendidas. Este poema enmascara los deseos reprimidos de la sociedad medieval y actual, en donde el hombre se sume en la tristeza, enojo, violencia y depresión porque desea tener bajo su dominio sexual a la bella elegida. Se olvida, como plantea Scott (1996) que toda mujer es un sujeto histórico válido en búsqueda de su legitimidad y no seres ridículos.

Los “reales antojos” del rey tienen que ver con la exclusividad que reclama el esposo. Por supuesto que la bella hurí está enamorada de una especie de poeta cantor. Esta unidad es restrictiva, en tanto la fémina se mueve bajo los contrarios: amor/desamor; cautiverio/libertad, fidelidad/infidelidad. El tirano, para evitar el desprecio, le corta la cabeza a Balzarac y producto de esta barbarie, la mujer muere de manera funesta. El rey irónicamente se “vuelve a enfermar”. El escritor nicaragüense, entonces, como hablante “sabedor” describe a un tirano homologable hoy a una visión caudillista donde el fanatismo religioso, la opresión y el poder silencian la realidad. Como plantea Araya (2004) “el cuerpo es uno de los lugares donde se experimentan las relaciones de poder y en el caso de las mujeres se vive como un cuerpo para los otros”.

La moral privada se hace a través de un contrato fiduciario, en donde para la persa, el casamiento es prisión; para el rey, representa la pasión. La similitud con la historia del relato bíblico de la muerte de Juan el Bautista, al cual también le cortaron la cabeza, es parte del diálogo intertextual o de ese Darío que hace uso de la transducción.

Sintetizando, debemos leer con malicia lo que esconde el sentido textual y subtextual de su obra. Invito a los lectores a dirigir la mirada hacia otras “construcciones culturales” presentes en poemas como Sonatina, La Gitanilla, Alaba los ojos negros de Julia, Margarita está linda la mar y también la visión indígena de la mujer, en su prosa.

 

LEER EL ARTÍCULO COMPLETO | Fuente: La Prensa