Por: Luis Vega Miranda.

Después de leer el mínimo y simple decreto presidencial, que ordena a todas las instituciones del Estado, alcaldías y colegios estatales a conmemorar el primer centenario del paso a la inmortalidad del poeta renovador de la poesía española, Rubén Darío, comparado por personalidades de España con Miguel de Cervantes Saavedra, fundador de la novela moderna por su obra gigante, Don Quijote de la Mancha, y de quien se celebra también este año el cuarto centenario de su muerte inmortal, me hizo recordar y comparar la apoteósica e imborrable celebración que hizo el Gobierno en 1967, por decreto del presidente René Schick, para el primer centenario del nacimiento del genio nicaragüense.

Mejor dicho, no hay comparación entre los dos centenarios, el del nacimiento y el de la muerte del poeta a nivel de Gobierno. Aquella se tomó con una seriedad extraordinaria, unos ocho meses antes se formó una comisión compuesta por personalidades nacionales, lumbreras, especialistas en la obra de Darío e invitar a venir a Nicaragua a lumbreras internacionales estudiosos de Rubén Darío.

Fue algo extraordinario que vio aquella época, pues la comisión estaba compuesta por personajes, sin verles el perfil político: José Sansón Terán (ministro de Educación), Guillermo Rothschuh Tablada, Carlos Tünnermann Bernheim, León Pallais, Pablo Antonio Cuadra, Rodrigo Peñalba, Julio Icaza Tijerino, Eduardo Zepeda Henríquez, por mencionar algunos.

Y ya no digamos las ilustres personalidades invitadas para dictar conferencias magistrales, lo más granado del mundo Hispanoamericano. Recuerdo haber visto y escuchado algunas conferencias, en el Congreso que sesionaba en el Palacio Nacional, al que se entraba sin ningún impedimento, como las de Arturo Uslar Prieti, Luis Alberto Sánchez, Jaime Torres Bodet y otras eminencias.

Nada parecido al tardío, exiguo y apresurado decreto presidencial de este Gobierno, que queda oscurecido por aquel deslumbrante acontecimiento. Aquí no se formó nada. Solamente Instituciones culturales privadas están haciendo el merecido homenaje con verdadero entusiasmo.

Pero ya es conocido que Rubén Darío fue utilizado y fue víctima de los políticos. A su corta edad los liberales leoneses le inculcan su pensamiento ideológico y anticlerical, lo cual le hizo perder una beca de estudio en el extranjero que el gobierno Conservador le había ofrecido. Debido a su fama, publicado ya Azul… en Chile (1888), en 1892 el presidente conservador lo nombra secretario de la delegación de Nicaragua a las conmemoraciones en España del IV centenario del Descubrimiento de América.

Aprovechando siempre su fama, el gobierno liberal de José Santos Zelaya lo nombra cónsul en París en 1903: y en 1907 ministro residente (embajador) en España, haciéndole la vida de cuadritos atrasándole los pagos, pasando necesidades extremas. El regreso de los conservadores al poder (1910) lo humilla, quitándole la representación diplomática cuando viajaba a México a las celebraciones de su independencia. En 1915 el dictador guatemalteco, Estrada Cabrera, lo acoge para sacarle provecho, ya enfermo. Darío murió sin habérsele pagado salarios atrasados por sus servicios al país.

Rubén Darío fue y sigue siendo utilizado por la política. El decreto presidencial de Ortega tiene como lema: “El sol que alumbra/ futuras victorias”. Aludiendo a un verso de La Marcha Triunfal que dice: “Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas”.

Lo cual no tendría nada de malo una cita del poeta, pero el verso trae un mensaje subliminal del lema de propaganda de Ortega en los rótulos en calles y carreteras: “Vamos por más victorias”.

¿Está siendo aprovechado el Centenario en periodo de elecciones? Rubén Darío sigue siendo utilizado por la política. Aunque puedo estar equivocado. Quién sabe.

 

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