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Por: Nydia Palacios Vivas. n.Masaya, Nicaragua (29/Noviembre/1939).
Catedrática Universitaria, Crítica Literaria, Conferencista y Escritora. Miembro de número de la Academia Nicaragüense de la Lengua.

Algunos temas que persisten en dos libros del poeta, Cantos de Vida y Esperanza y El Canto Errante y las críticas a estos.

Si realizamos una relectura de Cantos de Vida y Esperanza y en El Canto Errante, encontramos, primero que todo, que Darío hace énfasis en su credo estético —el de no imitar a nadie— y al lugar del poeta en una sociedad donde prevalece una crisis en los valores artísticos y “este imperial meditabundo, con su renovación de la lengua, ha sufrido ataques personales de Paul Groussac, Leopoldo Alas, Emilio Bobadilla, (“Fray Candil”) José María Forteza quienes con su seudónimo de “Doctror” Tiquimistis, se burlaban de Darío y publicaban sátiras y parodias hablando del Modernismo como una peste. (Acereda, 135). Frente a estos feroces ataques antimodernistas responde Darío con Dilucidaciones de El Canto errante.

Mi propósito es examinar los nexos temáticos que encuentro en Cantos de Vida y Esperanza y El Canto Errante. En Cantos de Vida y Esperanza observamos matices que él había encontrado en la poesía en lengua extranjera; sin embargo, en este libro —considerado el más importante por la crítica— notamos una buena dosis de política debido al momento histórico que le tocó vivir: la guerra hispanoamericana donde Estados Unidos resultó vencedor. Desde siempre admiró la cultura de nuestros aborígenes y frente a la cultura anglosajona opone la herencia hispánica por lengua y religión y frente al fuerte cazador Roosevelt sitúa al gran Moctezuma de la silla de oro. Un gran poeta no podía ser indiferente ante el peligro de perder los valores heredados de la abuela española, la España en plena decadencia. Darío levanta el estandarte de la identidad latinoamericana y defiende a una España doliente y vencida. Nuestro poeta no fue un ideólogo ni un político, sino un esteta. Darío expresa:

Gracias a que escritores señaladísimos hacen lo que pueden para transfundir una sangre nueva, exponiéndose al fracaso, gracias a eso puede tenerse una esperanza en un próximo cambio favorable. Mal o bien, por obra de nuestro cosmopolitismo, y, digámoslo, por la audacia de los que hemos perseverado, se ha logrado en el pensamiento de América una transformación que ha producido entre mucha broza, verdaderos oros finos y la senda esta abierta.

 

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