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Por: Dr. Carlos Tünnermann Bernheim - n.Managua, Nicaragua (10/Mayo/1933).
Realizó estudios de Bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto Pedagógico de Varones de Managua, es Doctor en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. Académico de Número de la Academia Nicaragüense de la Lengua (1992).

Muchos se preguntan ¿a qué edad escribió Rubén sus primeros versos? Él mismo nos responde en su Autobiografía: “No lo recuerdo precisamente, pero ello fue harto temprano. Por la puerta de mi casa —en las Cuatro Esquinas— pasaban las procesiones de la Semana Santa, una Semana Santa famosa: “Semana Santa en León y Corpus en Guatemala”; y las calles se adornaban con arcos de ramas verdes, palmas de cocotero, flores de corozo, matas de plátanos o bananos, disecadas aves de colores, papel de china picado con mucha labor; y sobre el suelo se dibujaban alfombras que se coloreaban expresamente, con aserrín de rojo Brasil o cedro, o amarillo “mora”; con trigo reventado. Con hojas, con flores, con desgranada flor de coyol.
Del centro de uno de los arcos, en la esquina de mi casa, pendía una granada dorada. Cuando pasaba la procesión del Señor del Triunfo, el domingo de Ramos, la granada se abría y caía una lluvia de versos. Yo era el autor de ellos. No he podido recordar ninguno… pero si sé que eran versos, versos brotados instintivamente. Yo nunca aprendí a hacer versos. Ello fue en mi orgánico, natural, nacido. Acontecía que se usaba entonces —creo que aún persiste— la costumbre de imprimir y repartir, en los entierros, “epitafios”, en que los deudos lamentan los fallecimientos, en verso por lo general. Los que sabían mi rítmico don, llegaban a encargarme pusiese su duelo en estrofas”.

El primer libro de versos que Darío organizó en un cuaderno escolar se intitula: Poesías y artículos en prosa y lleva como año 1881, cuando Rubén tenía apenas quince años. La existencia del cuaderno manuscrito ha sido señalada por los estudiosos de Darío. Así el profesor Edelberto Torres, en su obra La dramática vida de Rubén Darío lo menciona como el libro primigenio de Rubén. Según el profesor Torres, no se sabe cómo el libro fue a dar a Guatemala donde lo adquirió el periodista don Andrés Largaespada. Este lo trajo a Nicaragua y lo conservó hasta 1931.

Con motivo del terremoto de Managua el libro se dio por perdido. Treinta años después el profesor Fidel Coloma lo localizó en la biblioteca que perteneció al periodista don Juan Ramón Avilés, quien según constancia adherida al propio cuaderno lo obtuvo, en calidad de obsequio del señor S. Montenegro. La constancia aparece firmada por el referido señor Montenegro, ante dos testigos y fechada el 5 de septiembre de 1931.

 

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