Por: Jorge Eduardo Arellano - n.Granada, Nicaragua (1946)
Historiador de Arte, de las letras y la cultura nicaragüense y autor de casi un centenar de libros. Doctor en Filología Hispánica (Universidad Complutense, Madrid). Director de la Academia Nicaragüense de la Lengua (2002).

Durante los últimos años se concibieron dos proyectos de obras completas de Rubén Darío: en 1993 y en 2007. Dirigido por el académico argentino Pedro Luis Barcia, el primero constaba de 47 tomos; mientras el segundo —elaborado por Pablo Kraudy y el suscrito—, de 17. Pero ambos, por causas que no valen la pena consignar, no pudieron ejecutarse; de manera que Nicaragua mantiene pendiente la deuda con su mayor héroe cultural.

Para hacer factible su publicación a corto plazo, Kraudy y yo reformulamos nuestro proyecto, tomando en cuenta la inviabilidad de las vastas obras completas para el sesquicentenario natal de Rubén Darío (enero, 2017), como lo acordaron los darianos reunidos en la Universidad Complutense de Madrid (noviembre, 2012).

Por ello en el Festival de la Poesía de Granada de 2014, consagrado a nuestro Bardo Rei, hicimos público nuestro proyecto reduciéndolo a diez tomos de la Obra selecta. Es decir, no editaríamos libros enteros de Darío, sino una bastante representativa selección de todas sus expresiones creadoras. Pero cada tomo lo precederá un estudio preliminar y será suficientemente anotado, tal como se estila en proyectos similares de calidad científica.

El equipo, que coordino con Kraudy, tiene de colaboradores a dariístas de amplia labor reconocida internacionalmente como Günther Schmigalle en Alemania, Ricardo Llopesa, Noel Rivas Bravo (ambos en España) y Rodrigo  Caresani en Argentina.

Además, aceptaron ser miembros honorarios Eduardo Zepeda-Henríquez y Guillermo Rothschuh Tablada.

Como lo sugería en 1938 don Pedro Henríquez Ureña, al gobierno de Nicaragua le corresponde financiar esta empresa intelectual. Entonces no era posible por múltiples razones, entre ellas el subdesarrollo cultural del país. Hoy se cuenta con una mínima capacidad filológica y con recursos técnicos para emprenderla. ¡Solo de esta forma dejaremos de ser infieles al legado maestro de nuestro máximo orgullo nacional!

 

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