(Ilustración: Rubén Darío, retrato realizado por Pilar Montaner.)

Por: Fabian. Alta mar.

Cuando se leen biografías de Rubén Darío aparece cierta confusión en relación a sus estancias en Mallorca, hay confusión de fechas, se indica la estancia en Valldemossa, pero no la de El Terreno, etc. A Rubén Darío se le reconoció su obra poética en verso principalmente y se consideró su obra publicada en libros. Si se busca en Internet “isla oro”, aparece pronto algún enlace a El oro de Mallorca y “La isla de oro” sólo se presenta en un libro y un artículo (no digitalizados) cuyo autor es Luis M. Fernández Ripoll, quien realizó su tesis doctoral sobre las estancias de Rubén Darío en Mallorca, prestando especial atención a su obra en prosa.

La tesis doctoral de Luis M. Fernández Ripoll quedó plasmada en el libro Los viajes de Rubén Darío a Mallorca (ed. Olañeta, 2001), en el que incluye “La isla de oro” (1907) y “El oro de Mallorca” (1913) de Rubén Darío. Es, también, autor de varios artículos cuyos títulos aparecen en la ficha de Dialnet.

En el libro citado, en la primera nota a pie de página de “La isla de oro”, Fernández Ripoll dice:

La isla de oro, primera novela inconclusa del ciclo mallorquín, se publicó en 1907 en forma de entregas enviadas al diario La Nación de Buenos Aires, y fue un texto literario que quedó en el olvido. Pasado el tiempo, ésta y El oro de Mallorca fueron anunciadas como de próxima publicación en las distintas colecciones póstumas de sus Obras completas, aunque en realidad nunca llegaron a incluirse en ellas; ni siquiera en la que hasta hoy sería su última edición, a cargo de Afrodisio Aguado datada en 1955. Alberto Ghiraldo recuperó la novela en 1937 y la publicó por primera vez como narración, reuniendo las entregas en un volumen que lleva por título El hombre de oro (Ed. Zig-Zag, Santiago de Chile). Roberto Ibáñez será su segundo editor en el año 1969, cuando la incluyó en la recopilación Páginas desconocidas de Rubén Darío (Biblioteca de la Marcha, Montevideo). Finalmente, ambas novelas son reeditadas de forma conjunta en 1978 por Luis Maristany (JRS Barcelona). Según la documentación de R. Ibáñez (op. cit.), la primera edición de La isla de oro apareció en La Nación en las siguientes fechas: I. «Divagaciones» (5-IV-1907). II. «Jardines de España» (7-IV-1907). III. «George Sand y Chopin» (8-VII-1907). IV. «Todavía sobre George Sand» (14-VII-1907). V. «El Imperial filósofo» (23-VII-1907). VI. «Sóller: Azul, velas, rocas» (25-VII-1907).

Así que ésta es la historia de la edición de “La isla de oro”: 1907, 1937, 1969, 1978 y 2001. La edición de Fernández Ripoll incluye numerosas notas explicativas que documentan los textos de Rubén Darío.

Luis Fernández Ripoll nació en 1961 y desconozco el año de su muerte (probablemente el 2009). El 14 de febrero del 2010, Jesús García Marín en la “Última Hora” de Palma, publica el siguiente artículo que ha tenido la amabilidad de enviarme y con el cual cierro este grupo de entradas sobre “La isla de oro” de Rubén Darío:

RUBÉN DARÍO Y LUIS FERNÁNDEZ RIPOLL

Hace unos meses murió el profesor de Literatura Española de la Universidad Balear, Luis Fernández Ripoll. Tenía casi mi edad y era un gran amigo mío. Luis era una bellísima persona, muy educado en estos tiempos de maleducados, un conversador sumamente culto y un magnífico investigador que se especializó en Rubén Darío. Compartimos algunas francachelas de los Viejos Tiempos, que diría Leandro Garrido Álvarez, otro buen amigo suyo. Luis desempolvó, en una serie de enjundiosos libros, lo que hizo, o más bien lo que deshizo en sus muchas cogorzas el vate nicaragüense, que aparte de poeta fue — muchas veces se olvida — uno de los mejores prosistas de su época (de eso se dio buena cuenta Ian Gibson, no sorprende que su plantilla – libro – autobiografía de Rubén esté tan bien escrita y hasta tan bien calcada; da gusto pontificar a beneficio de inventario).

Recientemente consulté en la Biblioteca Nacional una carta que desde Valldemossa o Palma le manda Rubén a Azorín, que entonces vivía en la matritense calle Ventura de la Vega, y al examinarla me acordé de Luis. Si siguiera con nosotros (que sigue) le hubiera podido escribir y decirle que esa carta la vendió el librero Ripoll (el de la calle San Miguel) y que en ella no hay nada que no se sepa, que no supiera él.

Nicaragua amamantó a ese genio sin parangón que fue Rubén. Félix Rubén García Sarmiento o Rubén Darío (1867-1916), Príncipe de la Literatura Hispanoamericana y figura cimera de la Literatura Universal, nació en Metapa, hoy Ciudad Darío, departamento de Matagalpa, pero vivió buena parte de su infancia en León donde se encuentra su casa-museo y en la catedral su tumba. Algunos de sus libros de primera letras tenían la siguiente inscripción: “Si este libro se perdiese, / como suele suceder, / suplico al que me lo hallase / me lo sepa devolver. / Y si no sabe mi nombre / aquí se lo voy a poner: / Félix Rubén Ramírez”.

Rubén estudió en el Instituto Occidente de León de Santiago de los Caballeros. En aquella León americana, frente al colegio La Salle (de San Juan de Dios una cuadra al oeste y una cuadra al norte), se encuentra el Museo Archivo Rubén Darío. Precisamente en esa casona pasó su nebulosa infancia al cuidado de su tía doña Bernarda Sarmiento: “Vieja casona colonial con amplio patio, flores, árboles y profundo pozo en el centro (…) la casa era para mí temerosa, por las noches anidaban lechuzas en los aleros”. Se conservan algunas pertenencias y manuscritos, ediciones de sus obras y biblioteca con volúmenes en español, inglés y francés: “En un viejo armario encontré los primeros libros que leyera (…) un Quijote, las obras de Moratín, Las mil y una noches, la Biblia”. Aquí también se guarda su traje de embajador y viejas fotografías. Es también un centro donde se estudia la obra del nicaragüense. Por cierto, el patio sigue siendo muy agradable. En El viaje a Nicaragua (1909) escribió Darío: “Tras quince años de ausencia, deseaba yo volver a ver mi tierra natal. Había en mí algo como una nostalgia del Trópico. Del paisaje, de las gentes, de las cosas conocidas en los años de la infancia y de la primera juventud. La catedral, la casa vieja de tejas arábigas en donde despertó mi razón y aprendí a leer”, etc. Cerca de la catedral de León donde está enterrado Rubén se encuentra la Librería Don Quijote, con muchos libros de lance: cierro un momento los ojos y me imagino a mi buen amigo Luis, buscando libros. Ese es el mejor homenaje que se le puede hacer.

TOPOFILIA: con Luis charlando en el Café Lírico. El Gran Hotel de donde solía salir Rubén entonadito. Palacio del Rey Sancho de Valldemossa, donde quiso recogerse el poeta. León, Matagalpa, Ciudad Darío, Granada, por donde pasó la vida y la esperanza de Rubén.

Jesús García Marín en la serie “Parada de postas”, publicado en la “Última Hora”, el 14/02/2010,

Realmente la investigación de Luis Fernández Ripoll aclaró muchos puntos oscuros de las estancias de Rubén Darío en Mallorca y rescató este desconocido “La isla de oro”, de gran belleza literaria.
Gracias, Jesús, por el artículo y por recomendarme el libro de Luis Fernández Ripoll.

 

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