Ilustración: Jorge Luis Moreno Luna.
LA PRENSA.

Por: Karly Gaitán Morales.

Descubra qué poemas de Rubén Darío han sido llevados a la gran pantalla.

El sueño fue casi posible en 2007 cuando llevaba cuatro años de investigación para mi libro sobre historia del cine en Nicaragua y un historiador belga quiso saber de mi trabajo, pidiéndome una entrevista.

Se hizo, pero revertida, quien terminó haciendo las preguntas no fue él sino yo al descubrir que su paso por Centroamérica era corto y para hacer más misteriosa su presencia habló de forma ambigua de unos archivos cinematográficos franceses en los que aparece Darío (entre otros ilustres personajes de la región latinoamericana contemporáneos suyos), durante la celebración de dos o tres eventos públicos a los que asistieron operadores del cinematógrafo Lumière y lo filmaron.

Después, vía correo electrónico, explicó su verdadero objetivo: vender unas imágenes fílmicas de Darío que tenía en su poder, en formato DVD, de buena calidad y que aseguraba habérselo vendido solamente a tres personas en América Latina, que tienen “excelentes y riquísimas” colecciones privadas, además de ser poseedores de otras cintas en las que Darío aparece.

Pero de pronto dejó de comunicarse abandonando sus ofrecimientos pues no le interesaba entenderse con el Estado ni academias. En una búsqueda en internet, usando su nombre como referencia, se puede descubrir que murió en 2011 en un accidente de carretera en Colombia, donde estaba radicado. Pero por respeto a su profesión, su familia y a su voluntario y estricto anonimato, ahora omito su nombre, a lo que como periodista e investigadora tengo pleno derecho.

Lo importante de la experiencia del año 2007 fue descubrir con seguridad de rigor que las imágenes de las que solo comentarios, rumores y descripciones se han escuchado en las últimas dos décadas sí existen, cuyo título original es: “M. Ruben Dario à Paris. Entretien avec Mlle Anne P. Mars 1904” y que según sus propias palabras se describen de la siguiente manera: “Rubén Darío caminando por las calles de París (una acera frente al lobby de un edificio) dialogando con una periodista del diario que lo entrevista mientras caminan… el fotógrafo va detrás con su cámara de flash integrado con bombillo y los abrigos meciéndose al viento en el paso ligero de ellos tres… Rubén dirige su rostro a ella mientras habla y caminan. 15 segundos, 35mm”. Es necesario aclarar que en marzo de 1904 Rubén Darío era cónsul de Nicaragua en París.

EN BUSCA DE LOS ARCHIVOS

La búsqueda documentada y ordenada de las imágenes fílmicas de Darío la ha emprendido el Técnico Investigador de Fondos Fílmicos, Yamil Rodríguez Valverde, extrabajador de la Cinemateca de Nicaragua y actual estudiante de cine en Budapest, con una pista independiente a la mía, su teoría base se fundamenta en la relación de Darío con el rey de España Alfonso XIII de Borbón, a quien el entonces diplomático nicaragüense presentó sus cartas credenciales de Ministro de Nicaragua en 1908, evento para el que usó su famoso traje que en la actualidad se exhibe en el Museo Archivo Rubén Darío de León, Nicaragua.

Alfonso XIII era un fanático del cine y todos sus eventos los hacía filmar. Actualmente esas viejas cintas se conservan en la Filmoteca Española de Madrid y la colección se compone de decenas de horas fílmicas que abarcan un período desde posiblemente 1904 hasta 1931.

No en vano el destino había tejido ciertos designios, porque Rubén Darío y Alfonso XIII habían tenido el mismo profesor de matemáticas durante la educación básica, don César Sánchez.

Darío en Granada de Nicaragua y el rey de Borbón en Aranjuez y en el Palacio Real de Madrid. Y no solo eso, Darío escribió una amplia semblanza o apuntes para una biografía de Alfonso XIII y otros personajes de la realeza, que ganó la admiración de toda la corte de España y que fue publicado por su hijo Rubén Darío Sánchez en Madrid, terminándose de imprimir el libro de más de doscientas páginas el 4 de diciembre de 1921.

CREDENCIALES

Siendo tan importante la presentación de credenciales del entonces reconocido poeta en España y resto de Europa, Estados Unidos y América Latina, Yamil Rodríguez considera como una alta posibilidad que existan archivos que aún no hayan sido catalogados por la Filmoteca y que muestren ese u otros eventos en los que aparezca Darío.

Además planea buscar la forma de negociar con coleccionistas privados, fundaciones y otras instituciones que puedan ayudar a esta investigación. Mientras Rodríguez estudiaba en España tuvo cercana comunicación y relación profesional con su tutor, Alfonso del Amo, jefe del Departamento de Investigación de Fondos Fílmicos de esa misma institución, quien le apoyó en su investigación sobre Darío. Basándose en los archivos de París su trabajo ahora tiene más luces y un horizonte mejor definido para la búsqueda en los distintos catálogos o bóvedas de cintas aún no clasificadas.

Asimismo la Fundación para la Cinematografía y la Imagen (FUCINE) en Nicaragua tenía un proyecto de búsqueda de archivos fílmicos para enriquecer el Archivo Fílmico de la Nación, que consistía en la recuperación y rescate de filmes o vistas de cine de dos personajes ilustres, Rubén Darío y Sandino, en lugares como España, México y Nueva York, donde ambos vivieron un apogeo de gran representatividad ante la prensa internacional.

ADMIRABA EL PODER DE LAS IMÁGENES

Según el libro Rubén Darío de Juan Antonio Cabezas, por esos años el poeta asistió en París a la “Exposición”, a una escenografía creada para un filme documental que nunca llegó a rodarse. Pero no solamente esa, también presenció otras filmaciones (probablemente de noticiarios fílmicos) en España y Nueva York.

Otro de sus acercamientos al cine fue su breve amistad con la actriz de teatro y cine “americano” Carmen Rodríguez, a quien le escribió el poema Cabecita rubia.

En 1933 Carmen se integraría al cine español, declarando siempre haber sido “iniciada en el arte por el insigne Rubén Darío”. Además, en su texto Todo al vuelo, publicado en Madrid en 1912, el poeta subtitula Films de París a una sección, que es más bien prosa poética compuesta de una serie de comentarios e impresiones de temas diversos.

A propósito de este análisis de la forma y estilo de escribir de Rubén Darío a modo “cinematográfico”, el estudioso dariano Fidel Coloma recuerda en su prólogo al libro Opiniones publicado por Editorial Nueva Nicaragua, en 1990, un diagnóstico sobre la pluma de Darío elaborado por Miguel de Unamuno, donde se refiere a su técnica literaria como “cinematográfica” o “caleidoscópica”: “Hay algo de inarticulado, de desgranado, de discreto (en el sentido etimológico de este vocablo, el que a concreto se opone), de invertebrado en el decir y exponer de Darío; más que línea seguida, sigue línea punteada. Lo he dicho al principio: es cinematográfico, hasta en el titilar de las imágenes que se suceden”.

POEMAS DE DARÍO EN EL CINE

Es grande la cantidad de poemas, versos y episodios de la vida de Rubén Darío que han sido llevados al cine o sobre los que se han creado canciones, videoclips y cortos de caricaturas animadas en Nicaragua como en el resto del mundo.

Entre estos se destacan seis trabajos principalmente, el más antiguo data de 1933 cuando Adán Díaz filmó en Managua el documental sobre la inauguración del Parque Darío en el centro de la capital, que se celebró con musicalización de La Marcha Triunfal por el compositor Luis A. Delgadillo, desfile de “ninfas darianas”, discursos, develación de un monumento, recitales y una bandada de palomas que se soltó al viento después de una lluvia de cintas y lazos lanzados desde un avión hacia la plazoleta del parque donde estaba la enorme concurrencia popular.

El segundo es el filme ¡Ya viene el cortejo!, un documental filmado en 1939 en España, que es más bien una adaptación cinematográfica dirigida por Carlos Arévalo Calvet, en la que se recita en off el poema La Marcha Triunfal por Juan de Orduña, editor del filme, con imágenes de triunfo y llegada de soldados bajo arcos y calles anchas, todo ello como una alusión a los momentos históricos que vivía España.

El contrato para realizar dicha adaptación se firmó en Madrid, el 10 de julio de 1939, entre José Villacastín, esposo de Francisca Sánchez, quien firmaba como apoderado de los herederos de Rubén Darío, y el director Carlos Arévalo Calvet. Villacastín formaba parte de la Sociedad General de Autores de España y fue con el apoyo de esa entidad que se logró realizar el filme. Los permisos se cedieron sin ningún costo “por tratarse de una película de carácter patriótico y de propaganda”, pero manteniendo siempre los herederos de Darío sus derechos sobre el poema y toda la libertad de realizar después o al mismo tiempo otra adaptación cinematográfica.

Más mía es el alba de oro

E l tercer trabajo es Mas es mía el alba de oro, de Rafael Vargarruiz, una obra experimental de docuficción filmada en 1983, sobre la vida y obra de Rubén Darío con lectura en off de sus poemas por el declamador Hugo Hernández Oviedo. Vargarruiz creó poco después Únanse tantos vigores dispersos, adaptación cinematográfica del poema Salutación al optimista, siendo este el cuarto trabajo. El quinto es el cortometraje de ficción Betún y sangre, realizado por la productora Camila Films en 1989, basado en el cuento homónimo de Darío.
En 2001 el investigador y poeta Julio Valle-Castillo realizó el sexto trabajo, el documental El cantor va por el mundo, que narra los viajes de Rubén por América y Europa.

 

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