Por: Marta Leonor González.

Los gustos gourmet de Rubén Darío, el placer por la comida y los vinos son revelados por el escritor Sergio Ramírez en su nuevo libro, A la mesa con Rubén Darío.
Un libro publicado por la editorial Trilce que contiene unas cincuenta recetas sobre el buen comer del poeta nicaragüense y sus crónicas asociadas con la comida, los bares, cafés, vinos y platos que Darío consideraba verdaderos placeres.

Ramírez se detiene y cuenta cómo entró por la cocina para conocer al poeta Rubén Darío, su aficionado lujo y los placeres caros y refinados.

 

 

¿Cómo mira a Darío a través de la comida?
Él sabía establecer sus gustos, hay que entender a Rubén Darío como un gourmet pobre. Él era un periodista de lujo que vivía bien, La Nación de Argentina le pagaba bien por sus artículos pero nunca fue un rico, un millonario.
Antes de morir ya en León, en unas extraordinarias crónicas que se hacen de aquel momento, él es acompañado por un periodista, se relata que él estando en la casa de Rosario Murillo en el aposento que le tenían preparado, establece un diálogo, una de las cosas que él dice: —Yo he comido, he bebido, he visto, me he rozado con testas coronadas, he vivido en el gran mundo y me he dado los gustos que ningún millonario en Nicaragua se ha dado—. Eso lo decía con orgullo antes de su muerte y era cierto.
Él era un gourmet pobre que cuando podía sabía lo que quería y lo que le gustaba, las cosas refinadas, el champán, las flores, vestirse a la medida, las corbatas, la buena mesa, los vinos, los restaurantes caros.
¿Cómo llegó a Darío entre la comida, qué le motivó?
Primero porque soy un gran lector de Darío, y porque yo lo leo como leería un escritor alemán a Goethe o como un escritor francés leería a Baudelaire, a Gustave Flauber.
Esta pasión por Darío me ha llevado a meterme en su vida, tanto así que he escrito dos novelas donde es personaje, en Mil y una muertes y Margarita está linda la mar, para esto he realizado una investigación muy profunda de Darío, tengo un tarjetero con unas dos mil fichas de Darío sobre su vida, los lugares donde vivió en París, donde se vestía, cuál era el número de su sombrero, ese tipo de datos de los cuales se enamora un novelista, porque le ayudan a reconstruir el personaje, cómo era su escritorio, los restaurantes que frecuentaba en París por supuesto, los bares, y la vida en los cafés que es la vida imprescindible para un escritor.
Me dije voy a entrar por la cocina para conocer más a Darío y me he encontrado con un mundo completamente diferente, fascinante.
¿Darío como un sibarita, así lo define usted como un aficionado al lujo y a los placeres?
Los sibaritas y ese recuerdo de enseñar a bailar a los caballos, y que tenían otro sentido de la vida, un gusto y un placer por el vivir. Así es un sibarita.
Descubrir al cronista

¿Además de retratar al hombre que gusta de los placeres retrata al Darío cronista que conocer y descubrir?
Exactamente. Desconocemos a Darío como cronista. Hay más de 700 crónicas de Darío, publicadas en el Diario La Nación de Argentina, el ochenta por ciento de su obra son crónicas, este investigador alemán Gunter Smigalle ha recopilado su obra en crónica desconocidas publicadas por la Academia Nicaragüense de la Lengua en ediciones domésticas que nadie conoce, porque así es este país, se publican los libros y quedan olvidados.

El primer lugar donde Darío debería ser conocido es en las escuelas de periodismo, su crónica, él y Martí fueron los grandes cronistas de la primera parte del siglo XX y finales del siglo XIX.

Todos los temas que él toma son los temas contemporáneos, los de la vida diaria, los de la guerra y la paz, y de cómo queda España después de perder la guerra con Cuba, la política, él tocaba todos los temas, hablaba de caballos, hablaba de desfiles de moda, de los desfiles militares, de los inmigrantes en París.
¿Estas crónicas publicadas hace muchos años las encuentra actuales?
En esas crónicas de París vos leés que él habla de los restaurantes argelinos, pobres de vino barato, hasta los restaurantes más caros en París.
Los punches rellenos

¿Qué comida le haría a Rubén Darío para comer en su casa?
Como mi mujer es leonesa sabe hacer muy bien los punches rellenos que es el plato estrella en León y que le gustaba a Rubén Darío.

Creo que Rubén Darío nunca se pringaba con la manteca caliente, no entraba a la cocina supongo porque no hay evidencia de eso, guardaba en su memoria las recetas de su infancia en León, entre ellas el punche relleno.

Francisca Sánchez cuenta que ella aprendió a hacer los cangrejos como a él le gustaban que es el punche relleno de León sacando toda la comida del cangrejo y revolviéndola con otras verduras, tomate y volviendo a rellenar, era su plato preferido, y recordaba con mucha nostalgia los frijoles fritos, el plátano frito, la comida casera.
¿Y qué vino le pondría en la mesa?
Él bien decía: “Qué buen bebedor guardo bajo mi manto qué buen comedor guardo bajo mi capa”, era un hombre que sabía de los buenos vinos, su bebida fuerte y preferida era el whisky, coñac, Martell y bueno cuando no tenía mucho dinero pues bebía hasta lo más barato.
Creo que sería whisky.
¿Este es su segundo libro sobre cocina, por qué?
Sí, Lo que sabe el paladar, lo hice para fijar en la memoria los platos que se están extinguiendo porque son complejos, caros, las cosas con las que se hacían ya no existen, como las tortugas o las iguanas que se están extinguiendo.
¿Darío escribió sobre la masificación de la comida?
Los tiempos cambian y Rubén Darío se da cuenta de la masificación de la comida. Ahora los tiempos que la gente tiene para almorzar e ir a sus trabajos impone la comida rápida por lo menos en los centros urbanos en Nicaragua, dichosamente tenemos en Nicaragua, el vigorón y la carne en vaho que es comida rápida, (risas, risas, risas), esa es una ventaja que veo.

Hay una crónica de Darío que incluyo en el libro, por eso digo que es moderno y contemporáneo cuando él va tomar el tren en la Estación de San Lázaro en París hacia Italia, y escribe de cómo la comida ha cambiado y como en la estación ha comprado una cajita donde hay una botellita de vino, un pan, una pieza de pollo, una ensalada rusa, y eso es lo que va a comer, uno se da cuenta que ahí está el advenimiento del cambio profundo en las formas de comer y Darío lo dice en su crónica.
¿Cuál fue el gran descubrimiento de esta investigación?
Encontré sus viajes asociados a la comida y cuando va a un lugar donde nunca ha estado habla de la comida, cuando va a Budapest del Gulash, cuando va a Málaga él va a la costa a ver cómo sacan los copos de sardinas y come con los pescadores en la costa, lo mismo cuando va a Italia habla de la comida, en Marruecos, en su exploración cultural siempre incluye la comida.

Hay una urdimbre donde está el cronista y el viajero que escribe sobre los nuevos mundos, y el hombre que encuentra en la comida una cosa a la cual referirse.
En la cocina

¿Le llama la atención la cocina?
A veces con susto me llego a preguntar qué hace un escritor metido en la cocina, pero me consuelo bien porque tengo una ilustre compañía de escritores que se han ocupado de la cocina desde Alejandro Dumas que escribió este gran diccionario que tengo entre mis libros, el gran diccionario de la cocina francesa que es un volumen enorme porque Dumas sí era un cocinero curioso, se metía a la cocina preparaba los platos, Joseph Conrad que escribió un prólogo para un libro de cocina de su mujer, Fernando del Paso que escribió un libro de cocina con su mujer y es de comida mexicana, los escritores a lo largo del tiempo se han ocupado de la cocina.

 

LEER EL ARTÍCULO COMPLETO | Fuente: La Prensa