Los Olivos

Los olivos que tú, Pilar pintas, son ciertos.
Son paganos, cristianos y modernos olivos,
que guardan los secretos deseos de los muertos
con gestos, voluntades y ademanes de vivos.

Se han juntado a la tierra, porque es carne de tierra
su carne; y tienen brazos y tienen vientre y boca
que lucha por decir el enigma que encierra
su ademán vegetal o su querer de roca.

En los Getsemaníes que en la isla de oro
fingen en torturada pasividad eterna
se ve una muchedumbre que haya escuchado un coro
o que acaba de hollar l’agua de una cisterna.

Ni Gustavo Doré miro estas maravillas
ni se puede pintar como Aurora Dupin
con incomodidad, con prosa y con rencillas
Io que bien comprendía el divino Chopin…

Los olivos que están aquí son los olivos
que desde las prístinas estaciones están
y que vieron danzar los faunos y los chivos
que seguían el movimiento que dio Pan.

Los olivos que están aquí, los ejercicios
vieron de los que daban la muerte con las piedras,
y miraron pasar los cortejos fenicios
como nupcias romanas coronadas de hiedras.

Mas sobre toda aquesa usual arqueología
vosotros, cuyo tronco y cuyas ramas son
hechos de la sonora y divina armonía
que puso en vuestro torno Publio Ovidio Nassón.

No hay religión o las hay todas por vosotros.
Las Américas rojas y las Asias distantes
llevan sus dioses en los tropeles de potros
o las rituales caminatas de elefantes,

que buscando lo angosto de la eterna esperanza,
nos ofrece el naciente de una inmediata aurora,
con lo que todo quiere y lo que nada alcanza,
que es la fe y la esperanza y lo que nada implora.

 

Rubén Darío (1913)
Isla de Mallorca, Baleares, España. Dedicado a la pintora Pilar Montaner Maturana.