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Por: Jorge Eduardo Arellano – n.Granada, Nicaragua (1946)
Historiador de Arte, de las letras y la cultura nicaragüense y autor de casi un centenar de libros. Doctor en Filología Hispánica (Universidad Complutense, Madrid). Director de la Academia Nicaragüense de la Lengua (2002).
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Original e intensa fue la jornada rubendariana que auspició el Gobierno de Nicaragua a través de su embajada en el Perú. Del 3 al 6 de febrero, concebida e impulsada por la diplomática de lujo que es Marcela Pérez Silva ––ex cónyuge del comandante Tomás Borge––, glorificó a Rubén Darío en el primer centenario de su fallecimiento de la mejor manera posible.
Inició la conmemoración el miércoles 3 con un homenaje a Darío, inaugurado por su presidente Luis Américo Núñez, en el que participamos el poeta peruano Daniel Arturo Corcuera y yo. El primero leyendo el ensayo “La amistad de Rubén Darío y José Santos Chocano: afinidades y distancias”; y el segundo ––precedido de las palabras del congresista anfitrión Manuel Dammert, Ego Aguirre y de la embajadora Pérez Silva–– trazando un esbozo comprimido, pero suficientemente ejemplificado de las motivaciones básicas de la poética rubendariana y de su dimensión transatlántica. De esta manera se apreciaron tanto los comunes elementos modernistas del Cisne y el Cóndor como sus diferentes niveles creadores.
Pero la parte más aplaudida y vibrante del evento correspondió al estreno mundial del disco compacto “Darío nuestro”, once poemas del gran poeta en ritmos peruanos (huainas, landós, tonderos, toriles, marineras y lamentos negros, entre otros), musicalizados por Juan Luis Dammert (9), Ricardo Villanueva (1) y Marcela Pérez Silva (4). He aquí sus intérpretes: un solo varón (Piero Bustos) y siete mujeres, todas admirables: Patricia Saravia, Miriam Quiñones, Marcela Pérez Silva, Megail Luque, Luz María Carrasquiry, Silvia Falcón y Rosita Guzmán.
Los poemas darianos escogidos fueron: “Sonatina”, “Para la misma”, “Nicaragua”, “Que el amor no admite cuerdas reflexiones”, “Amo, amas”, “Lo fatal”, “Versos de otoño”, “Canción a Angélica Palma”, “Sinfonía en gris mayor”, “A Francisca” y “A Margarita Debayle”, cuyas músicas estuvieron a cargo de Kike Espinoza (guitarras, bajo teclados), Ricardo Villanueva (guitarras), Juan Córdoba (piano), Edgard Marchand (piano), Magali Luque (Cellos), Néstor Benítez (flauta), Henry Campos (cajón, congas, efectos) y Carlos Mederos (cajón). El disco fue grabado en Lima, entre el 16 de febrero de 2013 y el 20 de enero de 2016 en los estudios de Kike Espinoza. A su vez, el texto impreso fue diseñado por Lucía Arellano e ilustrado por Rosamar Corcuera, siendo su productora general Marcela Pérez Silva.
El jueves 4 la incansable embajadora colocó una ofrenda floral ante el monumento de Darío ubicado en el parque Ramón Castilla, distrito de Lince, con la presencia de diplomáticos, autoridades e intelectuales. Mas no pude acompañarla por atender a la misma hora una de las tres entrevistas televisivas, faena publicitaria que abarcó además otras dos: con Eduardo Santana para Diario Uno y con Enrique Planas para El Comercio.
El viernes 5 abrió sus puertas la Casa-museo Ricardo Palma para acoger tres intervenciones:
“Ricardo Palma y Rubén Darío”, por el presidente del inmueble Alberto Varillas; “Darío: la perfección formal”; y “Martí y Darío: paralelo histórico-literario”, por el suscrito. En ellas, respectivamente se destacaron la amistad ejemplar, la maestría estilística y la trascendencia moderna del nicaragüense máximo. Por cierto, al final del evento la embajada repartió entre los asistentes mi conferencia, impresa e ilustrada por el retrato de Darío pintado por el artista peruano Bruno Portuguez.
Precisamente, el sábado 6 ––día culminante de la jornada––, ese óleo presidió, con el conocido de Róger Pérez de la Rocha, la exposición del centenario “Darío: nicaragüense y universal”, organizada por y en la sede diplomática de Nicaragua en la calle Paul Beaudiez 471, distrito de San Isidro. No solo paneles, con textos biográficos y fotos de Darío, constituyeron esta muestra. También una réplica del traje diplomático del bardo ––confeccionado en su patria natal––, fotocopias de las cartas autógrafas de Ricardo Palma a Darío y el manuscrito original de este a la hija de aquel Angélica Palma, escrito el 1 de octubre de 1892, más el original de la tesis dariana del bachillerato de humanidades de Mario Vargas Llosa, defendida en 1958. Hasta el 6 de marzo permanecería abierta dicha exposición.
Otras intervenciones más complementaron la excelente muestra: “La tesis dariana de Mario Vargas Llosa”, por Américo Mudarra Montoya; “Cantos de vida y esperanza: gloriosa culminación de una obra capital”, por Wiston Orillo: “Rubén Darío: padre de la modernidad poética”, por Ricardo González Vigil; y “Darío, el diplomático”, por el suscrito, quien desea, agradece y reconoce el total apoyo de la Presidencia de la República para asistir como dariísta a esa histórica conmemoración en Lima.
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